La Web de Facundo Allia - Mitologia Egipcia I

Mitología Egipcia

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Los principios Sobre las narraciones primigenias se conocen numerosas versiones, ya que cada centro religioso elaboraban sus propios mitos, que hacía del local el principal protagonista del génesis. Así se explica la variedad de la literatura cosmogónica egipcia, aunque existen rasgos comunes en todos sus mitos. Según los egipcios, el principio fue el Caos, y el Espíritu primigenio se hallaba diluido en el Caos, donde yacía inerte, privado de existencia. El Caos era la ausencia de cada uno de los elementos que constituirían el mundo después de la creación, una especie de agua inactiva, carente de vida, pero que contenía todos los gérmenes y todas las posibilidades de la creación. Este agua es el Nun, "padre de los dioses". El Espíritu Primigenio aparece más tarde en la superficie de las aguas y adopta aspectos diferentes en cada sistema cosmogónico: frecuentemente aparece en una isla que emerge del elemento líquido, pero otras veces surge del huevo de un ave acuática, o de entre los pétalos de una flor de loto.

Cosmogónico Helipolitano: Según esta versión, en el Nun yacía inerte Atum, el demiurgo, aquel que existe por sí mismo, porque Atum no era una criatura del Nun. Atum apareció misteriosamente en el Nun cuando ni el cielo, ni la tierra ni nada existía. El demiurgo se puso en movimiento y subió sobre una colina que emergía de las aguas. Atum-Re creó a continuación, la primera pareja divina, el dios Shu, la personificación del aire, y la diosa Tefnut, la personificación de la humedad. De ellos nacieron Geb, el dios de la tierra, y Nut, la diosa del cielo. Geb y Nut concibieron cuatro hijos: Osiris, Isis, Seth y Neftis. Isis fue la mujer de Osiris, y Neftis la mujer de Seth. Así se formó la Enéada helipolitana, el grupo de nueve dioses compuesto por Atum-Re, el demiurgo, y por cuatro parejas divinas, sus descendientes. Shu y Tefnut son las criaturas de un demiurgo que escupe a Geb y Nut sus hijos "del vientre" de Tefnut, como Osiris, Seth, Isis y Neftis serán a continuación los hijos del vientre de Nut. Los hijos de Nut completan la Enéada heliopolitana, de acuerdo con el sincretismo que habían adoptado los sacerdotes de Atum ya en época muy temprana. Volver

Cosmogónico Hermopolitano: Hermópolis fue la capital del nomo del Alto Egipto, elaboraron un sistema cosmogónico. El dios principal de este nomo era Thot, el dios de la luna, pero Thot no toma parte en la creación del mundo, ni siquiera en la doctrina que observaban sus adoradores. Se decía en Hermópolis que en el principio existió un grupo divino formado por cuatro parejas de genios, los Hehu, que constituían una Ogdóada, un grupo de ocho dioses. La Ogdóada fue indiscutiblemente, desde los orígenes, el elemento característico del panteón de Hermópolis. Su culto es tan antiguo que dio su nombre a la ciudad, llamada en su honor Khemenu, "la ciudad de los ocho". Estos ocho dioses constituían una entidad indisoluble que funcionaba como una divinidad autónoma, porque sus ocho componentes obraban siempre al unísono, jamás individualmente, como ocurre generalmente con la Enéada helipolitana. La Ogdóada se componía de cuatro parejas divinas formadas por un macho y una hembra. Los machos fueron generalmente representados con cuerpo de hombre y cabeza de rana; las hembras con cuerpo de mujer y cabeza de serpiente. También pueden cambiar los nombres de sus miembros, pero cada pareja recibe siempre un nombre masculino y su correspondiente forma femenina, nombres que traducen los diferentes aspectos del abismo inicial. Nun y su compañera Naunet son el Caos, el agua primordial. Heh y Hehet encarnan una noción imprecisa que pudiera ser el Extravío de las aguas que buscan una meta cuando recubren la tierra. También podría tratarse del Infinito espacial o temporal. Kek y Keket son las tinieblas. Amón y Amaunet son los Escondidos, lo Desconocido. Todas estas nociones son negativas e indican bien la naturaleza incoherente del Caos. describir la creación. La estricta doctrina hermopolitana no admitía a Re por demiurgo, sino que afirmaba, al contrario, que sus ocho dioses locales eran los creadores de la luz, los padres y las madres de Re. Una isla había surgido en Hermópolis entre las aguas del abismo primordial, y en esta isla, llamada de los Dos Cuchillos, los dioses ranas y las diosas serpientes habían depositado un huevo que al romperse dio nacimiento al sol, el creador y organizador de nuestro mundo. Los hermopolitanos no tenían una idea muy clara del origen de este huevo y sus explicaciones revelan la influencia de otros sistemas teológicos, particularmente el tebano. Los textos religiosos más antiguos no están ni siquiera de acuerdo en atribuir la postura del huevo cósmico a un ave determinada. A veces el ave parece ser un ganso, y otras un halcón; y el Libro Egipcio de los Muertos parece a veces referirse al huevo de un pájaro macho. Al final no se sabe quién es el demiurgo no nombrado que se oculta en la cáscara del huevo cósmico. Quizás se trate de Shu, el dios del aire "que separa la tierra del cielo", y la cáscara del huevo primordial habría sido el receptáculo del soplo de la vida universal. Según el sistema helipolitano Shu era la primera criatura del demiurgo, y a su vez, el creador de los dioses que componen la Enéada. Del mismo modo, la fórmula de los Textos de los Sarcófagos proclama a Shu padre de los dioses y, concretamente, de la Ogdóada hermopolitana. Pero los mismos Textos afirman una doctrina diferente cuando identifican a Shu con el huevo cósmico, el huevo que los ocho miembros de la Ogdóada habían depositado en la colina de Hermópolis. Lo que quiere decir que los miembros de la Ogdóada eran los padres, y no los hijos de Shu. Volver

El Niño Sobre el Loto: Otro mito hermopolitano da una explicación muy diferente de la creación del mundo. De las aguas del abismo líquido (el Nun) había surgido una isla en el lugar en que, más tarde, se hallaría la ciudad de Hermópolis. Su nombre era la Isla del Incendio o del Arrebol, por que la causa de este incendio era el apuntar del sol que se anunciaba con los inflamados colores del alba. El la isla había un estanque cenagoso lleno de las aguas del Caos, y en la superficie flotaba un loto divino. El estanque era la morada de los ocho miembros de la Ogdóada, las cuatro ranas macho y las cuatro serpientes hembra. Los machos la fecundaron. El loto, como muchas otras flores, cierra sus pétalos durante la noche para protegerse del frío, y los despliega al amanecer. Cuando el loto abrió sus pétalos azules, un niño resplandeciente se alzó, iluminando el mundo y creando todas las cosas y todos los seres. También existe un texto demótico del siglo I a.C. que contiene una alusión mucho más precisa al mito y a su carácter hermopolitano, presentándolo sin embargo en un contexto religioso predominantemente menfita, cuyo protagonista es Ptah. En este documento Hermópolis es la mansión de Nefertun, el hijo de Ptah, y los ocho miembros de la Ogdóada no son ranas y serpientes, sino cuatro toros y cuatro vacas, una característica del mito debida quizás a la reputación procreadora del Apis menfita. Los machos se convirtieron en un toro negro y las hembras en una vaca negra llamados Amón y Amaunet. El toro se avalanzó sobre la vaca tan efusivamente que su simiente se derramó en el agua, en el gran estanque de Hermópolis, en el cual flotaba un flor de loto, y de ella salió un niño. Volver

Cosmogónico Menfita: De la doctrina menfita contrasta fuertemente con el naturalismo de las cosmogonías de Heliópolis y de Hermópolis, que recurren a elementos físicos concretos: la colina primordial, un huevo de ganso, o una flor de loto. El tema de la colina surgida del abismo no está ausente en una cosmogonía que afirma la preeminencia del dios Ptah-Ta-tenen, "la Tierra que se levanta", pero este hecho resulta secundario comparado a la novedad de una explicación de la creación del mundo que recurre al poder del Pensamiento y de la Palabra. La piedra de Shabaka, que es el documento fundamental de la teología menfita, tiene una historia bastante agitada. Según la inscripción que la recubre, el texto original habría sido escrito en un papiro conservado durante muchos siglos en la biblioteca del "templo de Ptah al sur de su muro". Usado por el tiempo y parcialmente devorado por los gusanos, el papiro se hallaba en tal estado que el faraón Shabaka (712-698 a.C. dinastía XXV), ordenó copiarlo en un bloque de granito pensando en su larga perduración. Pero los habitantes de Menfis la usaron como base a una rueda de molino, de modo que una parte de la inscripción se ha perdido para siempre.

Ptah es el padre y la madre de todas las criaturas, un dios hermafrodita. Pero entre todas las hipótesis de Ptah, se ha atribuido una importancia especial a "Ptah-el-Grande, el corazón y la lengua de la Enéada". Este dios Ur (el Grande) sería, si se acepta la teoría discutible de Junker, el dios creador por excelencia, a pesar de que los sacerdotes de menfis hablen de él como de una simple manifestación de Ptah, y de que los sacerdotes de Heliópolis no mencionen su nombre y le llamen Atum (el Total, el Universal). Los sacerdotes de Menfis explican a continuación cómo Ptah creó el mundo sirviéndose del corazón, que es la sed de la inteligencia, del pensamiento que concibe a los seres, y de la lengua, que es el órgano del Verbo creador. La función que desempeñan el corazón y la lengua es tan importante que los mismos teólogos sintieron la necesidad de divinizar estas dos facultades del demiurgo, personificándolas en dos genios, Sia (la inteligencia y la clarividencia), y Hu (el poder del Verbo, la voluntad). Atum está presente en el mito pero su importancia es secundaria, hallándose convertido en una de las múltiples hipóstasis de Ptah demiurgo; Ptah es quien dió la existencia a los dioses, a los hombres y a todos los seres, gracias a los pensamientos de su corazón y a las palabras de su boca.
Otras influencias heliopolitanas se manifiestan cuando la estela menciona a la Enéada y explica que el poder creador de la palabra (de la lengua) reside, concretamente, en los dientes y en los labios, "es decir, el semen y las manos de Atum". Más adelante se llega a un pasaje específicamente menfita, en el que se trata de la invención de los trabajos manuales y de las artes, las actividades predilectas de Ptah, el dios de los artesanos. Y la conclusión del pasaje hace pensar en el relato del Génesis, cuando se describe la aparición del mundo vegetal y de los diferentes elementos minerales que forman el paisaje. Como ocurre en el relato bíblico, el demiurgo menfita podía estar satisfecho de la perfección de su obra. La Enéada, son los dientes y los labios de Ptah, de la boca que pronunció el nombre de cada cosa, de la cual salen Shu y Tefnut. La visión de los ojos, el escuchar de las orejas y el oler de la nariz, informan al corazón, y de él surge todo el conocimiento, y la lengua anuncia lo que el corazón piensa. Los himnos y plegarias dirigidos a Ptah durante el Nuevo Imperio mencionan frecuentemente su función de demiurgo, aunque lo hagan en términos muy diferentes de los que utiliza la piedra de Shabaka. Se confunde en ellos a Ptah y al dios solar heliopolitano, que en los himnos no es, generalmente Atum, sino Re, el sol por excelencia. Pero el tema característico de la cosmogonía menfita, o sea la creación del mundo por el pensamiento y por la palabra, está presente en un himno a Ptah, identificado con Ta-Tenen, y también con Atum
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Video sobre la construcción de las Pirámides

 

Cosmogónico Tebano:
Un nuevo sistema religioso que utilizaba materiales mitológicos de origen muy diverso. Amón se apropió de las facultades procreadoras del vecino Min e hizo suyas las características de Ptah, el demiurgo menfita, y aquéllas de Re-Atum, el demiurgo heliopolitano. No se pueden ordenar cronológicamente estos préstamos porque los textos religiosos que se tienen hoy en día fueron escritos mucho más tarde. Hay un detalle que parece evidente: los sacerdotes de Amón se dieron cuenta que una de las cuatro parejas divinas de Hermópolis se componía de Amón y su compañera Amaunet. Utilizaron esta circunstancia y relacionaron el dios tebano con las ranas y las serpientes de Hermópolis, elaborando una cosmogonía que afirmaba la existencia de un linaje de serpientes creadoras del universo. Durante mucho tiempo los elementos hermopolitanos no fueron preponderantes en la doctrina tebana; en realidad sólo están bien documentados en la época ptolemaica. Los himnos a Amón del Imperio Nuevo insisten sobre todo en el carácter solar (heliopolitano) de Amón que se ha convertido en Amón-Re. Un himno de la dinastía XVIII (papiro Bulaq 17) refleja bien el sincretismo tebano; Amón demiurgo presenta características solares, pero también se menciona la creación del mundo por el Verbo, típica de la teología menfita, y el huevo primordial de la cosmogonía hermopolitana. Otro himno, posterior, celebra a Amón, el demiurgo que se manifestó sobre la colina donde más tarde se alzaría el templo de Karnak. Tebas es el modelo de todas las ciudades porque en su emplazamiento existieron el agua y la tierra por primera vez. Luego vinieron la arena desértica, que delimita los campos cultivados, y los hombres que fundaron las otras ciudades. Amón es el artesano de sí mismo, cuya apariencia nadie conoce. Su primera forma fue la Ogdóada, hasta que completó la creación, mientras estuvo solo. Este himno aprovecha un tema hermopolitano, pero también dice que Amón se transformó en Ta-tenen, el demiurgo menfita, e hizo nacer a los dioses primordiales. Después, Amón se alejó para habitar el cielo, donde se estableció adoptando la forma de Re, el dios solar heliopolitano. El himno es una amalgama de las doctrinas profesadas por el clero de la metrópolis religiosas del país cada vez que se refieren a la creación del mundo. Quizás se puede afirmar que los elementos hermopolitanos empiezan a ganar terreno, en este himno, en detrimento de aquellos que subrayan la importancia de Re (Amón-Re), el dios universal del Imperio Nuevo.
Los textos tardíos confirman esta evolución. Los más explícitos son las dos inscripciones que el faraón Ptolomeo VIII hizo gravar en la parte baja de las jambas de la puerta central de la sala hipóstila del templo de Karnak. El contenido parece reflejar un estadio relativamente antiguo en la evolución del sistema cosmogónico tebano. Así pués Amón creó el mundo por medio del Verbo, como el demiurgo menfita. El resto del proceso creador es eminentemente intelectual: Amón reglamentó todo lo que se produciría en el futuro, sin ordenar nada que fuera imperfecto.
Amón creó también a Ta-tenen (el demiurgo menfita), a la Ogdóada (los dioses demiurgos hermopolitanos) y fabricó su propio cuerpo dándole la forma de un niño que surgió de entre los pétalos de un loto en la superficie de las aguas del Caos primordial (el Nun). El dios misterioso y guerrero de los tebanos posee la habilidad de Ptah-Ta-tenen, el patrón de los artesanos, cuando se trata de confeccionar la imagen del niño demiurgo hermopolitano. Después, Amón iluminó la tierra con sus ojos (el sol y la luna; un tema solar heliopolitano), creó a los hombres y a los dioses, puso orden en la asamblea divina de la Enéada y convirtió a los miembros de la Ogdóada en miembros de su clero. Shu obtuvo la dignidad de profeta encargado de transportar la capilla divina, y Tefnut el rango de esposa divina. Y se dispuso que Tebas fuera la residencia del faraón que gobernaba el país en beneficio de su padre Amón, el dios heredero de Osiris en la función de rey del Alto y del Bajo Egipto.
El particularismo religioso de los sacerdotes tebanos les condujo a introducir cambios considerables en la doctrina tradicional. Estos sacerdotes afirmaron que la Ogdóada no era originaria de Hermópolis, sino de Tebas: los ocho dioses primitivos aparecieron en Tebas, en un mundo envuelto aún por las tinieblas, y las olas del caos primordial les transportaron hasta Hermópolis, a un lugar en donde crearon el sol. Después de haber cumplido su misión, nadaron hacia Tebas, donde murieron y fueron enterrados junto a la serpiente Kematef, en el lugar donde se alza el pequeño templo de Medinet Habu. Cada diez días, Amón de Luxor (es decir, Irta, el hijo de Kematef) atravesaba el Nilo para presentarles ofrendas funerarias. Su misión terrestre había terminado; sin embargo en el otro mundo eran seres poderosos que hacían brotar para los humanos las aguas de la inundación anual, y surgir en el horizonte el sol que les iluminaba. Por ello se les veneraba presentándoles ofrendas. Kematef fue identificado con Osiris, el rey de los muertos, y se llegó a afirmar que Amón era el alma de Osiris, que recorría el círculo del universo confundido con el astro solar y visitaba el cadáver de Amón, cuando llegaba de noche al mundo inferior.
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