La Web de Facundo Allia - Mitologia Griega II

Mitología Griega: Los Ritos mitológicos

Los Misterios Eleusis y Las Tesmoforias

Bibliografía Consultada:
Graves, Robert,
Los Mitos Griegos Tomo I
Blavatsky, H P,
Isis Sin Velo Tomos II y IV
Spence, Lewis,
Introduccion a la Mitologia
Walker Kenneth,
Enseñanzas y Sistema de Gurdjieff
Josscelyn Godwin,
La Tradición Hermética (en http://www.geocities.com/symbolos/s11godw.htm)

Los Misterios de Eleusis y Las Tesmoforias: La palabra "Misterios" provienen del griego teletai (perfección) y por analogía teleuteia (muerte). Eran reglas que desconocían los profanos y los no iniciados. Por medio de representaciones dramáticas y otros procedimientos se enseñaba en los misterios el origen de las cosas, la naturaleza del espíritu humano, sus relaciones con el cuerpo y el modo de purificarse para alcanzar la vida superior. Por éste mismo método se enseñaban las ciencias naturales, la medicina, la música y la adivinación. En tanto que los "ritos", provenienen del sánscrito, y está relacionados con la idea de "orden", Los ritos son ceremonias que permiten representar una idea por medio de la reiteración. Ésta repetición ritual de palabras, posturas, gestos y señales, permiten que sus arquetipos y energías simbólicas se graben en nuestro inconsciente.

El mito que dio origen a los ritos de Eleusis y las Tesmoforias surgen de la fábula de la búsqueda de Core por parte de su madre Deméter. El Mito narra que cuando Deméter era joven tuvo a una hija "Core" con Zeus, su propio hermano, fuera de matrimonio. También tuvo a Pluto con el Titán Yasion , del cual se había enamorado en la boda de Cadmo. En ella, enardecidos por la gran cantidad de ambrosía, que corría como agua en el convite, los amantes se acostaron abiertamente en un campo tres veces arado. Cuando volvieron, Zeus sospechó lo que habían hecho por su comportamiento y el barro que tenían en los brazos y las piernas; enfurecido porque Yasion se había atrevido a tocar a Deméter, lo mató con un rayo..

Deméter perdió, posteriormente, su alegría para siempre cuando la joven Core, luego llamada Perséfone, ("la que trae la destrucción") le fue robada. Hades quien se había enamorado de Core fue a pedir a Zeus permiso para casarse con ella. Zeus temía ofender a su hermano mayor con una respuesta negativa, pero sabía que Deméter no le perdonaría si Core era enviada al Tártaro. Ante la duda contestó, políticamente, que no daría ni negaría su consentimiento. Esto animó a Hades a raptar a la joven mientras recogía flores (Core recogía flores de adormideras las cuales poseían cualidades soporíficas y color escarlata, éstas garantizaban la resurrección después de la muerte ya que Core estaba a punto de retirarse para su sueño anual.) en una pradera, de la siciliana Enna, o en algún lugar de Ática, o posiblemente en alguna parte de Creta, en las cercanias de Pisa, o junto al Penco arcadio, o en cualquier otro de los tantos lugares en donde luego la buscaría Deméter.

Deméter buscó a Core sin descanso durante nueve días y nueve noches, sin comer ni beber y llamándola vanamente durante todo el tiempo. La única información que pudo obtener se la dio Hécate, quien a primera hora de una mañana había oído a Core gritar: "¡Un rapto, un rapto!", pero al correr en su ayuda no había encontrado rastro alguno.

El décimo día, tras un desagradable encuentro con Poseidón entre los rebaños de Onco, Deméter llegó disfrazada a Eleusis, donde su rey Céleo y su esposa Metanira la recibieron y la invitaron a quedarse allí como nodriza de Demofonte, el príncipe recién nacido. Su hija coja Yambe trató de consolar a Deméter con versos cómicamente lascivos y el ama, la vieja "Baubo", le indujo, mediante una broma, a beber agua de cebada sazonada con menta, Luego de beber se puso a gemir como si estuviera de parto e inesperadamente sacó de debajo de su falda a su nuevo hijo "Yaco".

Fue Triptólemo, que cuidaba el ganado de su padre, quien dio a Deméter la noticia que buscaba: Éste le informó que diez días antes sus hermanos estaban en el campo, donde pastaban sus animales, cuando de repente la tierra se abrió y tragó a los sus cerdos ante sus propios ojos; luego, con un fuerte ruido de cascos, apareció un carro tirado por caballos negros y se hundió en la misma grieta. El rostro del conductor del carro era invisible, pero con el brazo derecho abrazaba fuertemente a una muchacha que gritaba.

Ya con éste testimonio, Deméter llamó a Hécate y juntas fueron a ver a Helio, quien todo lo ve, y le obligaron a admitir que Hades había sido el malvado, sin duda con la lenidad de su hermano Zeus. Deméter rompió en furia y en vez de volver al Olimpo, siguió recorriendo la tierra, impidiendo que los árboles dieran sus frutos y que crecieran las hierbas, hasta que la raza de los hombres estuvo en peligro de extinción. Zeus le envió un mensaje a Deméter con Iris pero Deméter no hizo caso alguno y luego una delegación de dioses olímpicos, con regalos y un mensaje rogándole que aceptara su voluntad. Pero Deméter no quiso volver al Olimpo y juró que la tierra seguiría estéril hasta que Core fuera devuelta.

Al ver la negativa de Deméter ,Zeus envió a Hermes con un mensaje para Hades: "Si no devuelves a Core estamos todos perdidos", y con otro para Deméter: "Puedes tener de nuevo a tu hija, con la única condición de que todavía no haya probado la comida de los muertos."

Como Core se había negado a comer ni siquiera una miga de pan desde su rapto, Hades se vio obligado a disimular su denuesto diciendo amablemente a Core: "Hija mía, pareces sentirte desdichada aquí y tu madre llora por ti. Por lo tanto he decidido enviarte a tu hogar."

Core dejó de llorar y Hermes la ayudó a subir a su carro. Pero en el momento en que partía para Eleusis, uno de los jardineros de Hades, Ascálafo, vió cuando Core tomaba una granada de un árbol del huerto de Hades y comido siete semillas. Ascálafo estaba dispuesto a atestiguar para probar que Core había probado el alimento de los muertos. (Los alimentos de color rojo, sólo se podían ofrecer a los muertos, y se suponía que la granada había nacido de la sangre de Adonis. Las siete semillas de granada representan, las siete fases de la luna durante las cuales los agricultores esperan que aparezcan los tallos verdes del cereal)

Ya en Eleusis, Deméter abrazó larga y alegremente a Core, pero al enterarse de lo de la granada se sintió más desalentada que nunca y repitió: "No volveré al Olimpo ni anularé mi maldición de la tierra" Entonces Zeus instó a Rea, la madre de Hades, Deméter y él, a que le suplicara, y por fin se llegó a un acuerdo: Core pasaría tres meses del año en compañía de Hades como Reina del Tártaro, con el título de Perséfone, y los nueve meses restantes con Deméter. Hécate se ofreció a asegurar que se cumpliera ese acuerdo y a vigilar constantemente a Core. (Core, Perséfone y Hécate eran, la diosa en Tríada, en una época en que solamente las mujeres practicaban los misterios de la agricultura. Core representa al grano verde, Perséfone a la espiga madura y Hécate al cereal cosechado).

Deméter volvió al Olimpo, pero antes de salir de Eleusis instruyó a Triptólemo, Eumolpo y Céleo, quienes habían ayudado a buscar a Core, en la esencia del culto y sus misterios. Proporcionándoles el grano para sembrar, un arado de madera y un carro tirado por serpientes, y los envió recorrer el mundo para que enseñaran el arte de la agricultura. Hasta aquí la fábula.

Eleusis ("advenimiento") era una ciudad micénica donde se celebraban los "grandes Misterios Eleusinos", en el mes llamado "Beodromión". En tanto que Las Tesmoforias "ofrendas debidas", se celebraban en Atenas aunque hay indicios de que también ésta celebración existió en Eleusis . En las Tesmoforias atenienses ascendían por las laderas llevando un cesto con los órganos genitales cortados del rey sagrado o su sustituto; en tiempos más civilizados éstos se reemplazaban con tortas en forma de falo y serpientes vivas. Las Tesmoforias parece haber sido en un tiempo un festival orgiástico en el que las sacerdotisas se prostituían públicamente como un medio para fertilizar los sembrados.

Todos los años se realizan dos series de Misterios eleusinos: los Mayores en honor de Deméter y Core, y los Menores en honor solamente de Core. Los Misterios Menores se realizaban a comienzos de febrero, en la Candelaria, cuando los árboles echan por primera vez hojas y eran solo una preparación para los mayores, En él se recordaba el dramático del destino de Dioniso Los ritos principales eran el sacrificio de una cerdo hembra que era lavado previamente en el río Cántaro, y luego su purificación por el sacerdote Hidrano.

Luego había que esperar por lo menos un año para poder participar en los misterios mayores, que se realizan en Eleusis, como dijimos, en el mes de Boedromio ("corriendo en busca de ayuda"), en el primer mes del año, aproximadamente septiembre, y se llamaba así, para conmemorar la derrota de las amazonas por Teseo. Originalmente, los Misterios parecen haber sido la preparación del rey sagrado, en el equinoccio de otoño, para su próxima muerte en el solsticio invernal.

Existen, por tanto, buenas razones para creer que los iniciados en las ceremonias de los misterios que se celebraban en Eleusis, las Tesmoforias y las Isla de Filas, en el río Nilo, simbolizaban las ideas de la muerte y el renacimiento llevando en las manos los granos granos de trigo en sus tres estados. Estas semillas debían ser arrojadas a la tierra, donde, a todo fin y propósito, morían como semillas antes de que les fuera posible renacer en un nuevo mundo en su nueva forma de brotes verdes y vigorosos.Volver

Movimiento III Mythodea - Vangelis

El orfismo:

Entre sus creencias se encontraban la posibilidad de obtener la salvación despojándose de todo lo terrenal en la naturaleza humana mediante el cultivo de lo espiritual, lo que incluía la práctica del ascetismo (el término "ascesis" designa propiamente un esfuerzo metódico para alcanzar una cierta meta, y más particularmente una meta de orden espiritual. El término actual de "ascetismo", derivado de "ascesis", se presta a confusiones, porque ha sido netamente desviado de su sentido primitivo, a tal punto de que, en el lenguaje corriente, llegando a ser sinónimo de "austeridad"). Orfeo: fue un músico y que descendió al submundo en busca de su esposa Eurídice. Con la lira que le obsequío Apolo, Orfeo deslumbraba todo ser creado seres humanos, animales y árboles. Orfeo era el príncipe de Tracia bajo la tutela de Apolo. Solo poseía un atributo que era su canto y a través de él persuadió a los guardianes del Hares para que a Perséfone e permitieran llevar de regreso a Eurídice.
Como parte de su misión reformó el culto de Dionisio (Baco) y obligó a sus seguidores a desistir de los sacrificios sangrientos. En lugar de las orgías dionisíacas, Orfeo fundó los primeros Misterios de Grecia. El propósito de estos, hasta donde podemos decir, fue transmitir algún tipo de conocimiento directo que ayudase a enfrentar la perspectiva de la muerte.
El viaje de Orfeo al Submundo par rescatar a Eurídice forma parte de los misterios. En éste mito, Orfeo restituye a Eurídice a la vida. Luego el episodio fue cambiado para que concluyera en forma trágica ya que Orfeo desobedece la prohibición de mirar a su esposa antes de haber llegado a la superficie de la tierra y en consecuencia de ello la pierde para siempre. Orfeo, poseía el poder de rescatar almas del los hechizos de Hipno que se creía eran el inevitable destino de los muertos. El encuentro de Ulises con los espectros de su madre y de los héroes griegos es un ejemplo primario de ello. Los iniciados en los Misterios recibían la seguridad de que ése no sería su destino y de que, como Eurídice, serían salvados del reino de las tinieblas. La mayoría de lo que conocemos del Orfismo deriva de mucho después de Sócrates. Bajo el Imperio Romano, en la primer época del Cristianismo hubo un resurgimiento del Orfismo como religión ligada a los Misterios. Los himnos Orficos, encantamientos mágicos dirigidos a varios dioses, son de ésta época. Uno de los mitos de Dionisio relata que siendo un niño, fue capturado por los Titanes (los rivales de los Dioses) quienes lo desmembraron y se lo comieron. Afortunadamente, Zeus fue capaz de salvar el corazón de su hijo. Se lo tragó él mismo y, a su debido tiempo, dió a Dionisio un segundo nacimiento. Los Titanes fueron vencidos y de sus restos surgieron seres humanos. Consecuentemente, cada ser humano contiene un pequeño fragmento de Dionisio.

Es fácil reconocer en este mito la doctrina, familiar ahora aunque de ninguna manera común en esa época, de que cada persona no es sólo un compuesto de cuerpo y alma, sino que también posee una chispa de absoluta divinidad. Las religiones que mantienen esta doctrina apuntan a buscar, revivir y eventualmente actualizar esa chispa, ya sea en vida o después de la muerte. Efectivizar esto -"hacerlo realidad"- es volverse uno mismo un dios, por lo tanto inmortal. Esta es la última promesa de los Misterios. Para los no iniciados, sólo hay la perspectiva del Hades, un lugar no de tormento excepto para los muy malvados, pero no de placer, tampoco, aún para los mejores de los hombres. Eventualmente el alma ahí se debilita y muere, liberando a la chispa divina para reencarnar en otro cuerpo y alma.

El iniciado supuestamente está libre de esta rueda de nacimiento y muerte, y capacitado para proseguir a un destino más glorioso entre los dioses. Los iniciados Orficos no eran enterrados con ollas de alimentos y enseres, como recordatorios, sino quemados y enterrados con hojas de oro, inscritas en griego. Estas llevaban oraciones e instrucciones de lo que se debía decir y hacer al despertar después de la muerte. Se debía evitar a toda costa beber del Lago de Leteo (el olvido), y en lugar de ello doblar a la derecha, hacia el Lago de Mnemosina (la memoria), y dirigirse a sus guardianes con estas hermosas palabras:
"Soy el hijo de la Tierra y del estrellado Cielo.
Esto también vosotros lo sabéis. Me hallo desecado por la sed y estoy pereciendo. Venid, dadme inmediatamente la fresca agua que mana del Lago de la Memoria".
O, al encontrarse con los que gobiernan el Hades, había que decir: "¡Vengo puro de entre los puros, Reina del Submundo, Eucles, Euboleus, y todos los otros dioses! Pues yo también reclamo ser de vuestra raza."
En época romana, la figura del mismo Orfeo se había vuelto trágica. No sólo perdió a Eurídice por segunda vez, sino que él mismo sufrió una muerte cruel. Se dice que regresó a su Tracia nativa para intentar reformar a sus habitantes, pero cayó en desgracia a causa de las Ménades, mujeres seguidoras de los ritos no regenerados de Dionisio. Gritando para silenciar sus mágicos cantos, lo descuartizaron miembro por miembro. Pero su cabeza flotó hacia el mar y se guareció en una roca de las isla de Lesbos, donde continuó cantando. Él mismo fue absorbido por su padre Apolo, y su lira fue exaltada a las estrellas como la constelación de Lira.

Con esta versión de su mito, Orfeo ocupó su lugar entre los otros salvadores sufrientes cuyos cultos eran populares en la Roma cosmopolita: Dionisio, Atis, Adonis, Hércules, Osiris y Jesús de Nazareth. Estos seres divinos ofrecían una relación personal con sus devotos que mucha gente encontró más satisfactoria que los distantes dioses olímpicos. Lo que estaba implicado es que así como ellos mismos habían sufrido, muerto y regresado a su cielo nativo, así harían sus seguidores.
Algunos de los primeros cristianos consideraron a Orfeo como una especie de santo pagano, hasta confundir su imagen con la de Jesús. Los dos salvadores eran semidioses de ascendencia real que buscaron remodelar una religión existente en bien de la humanidad. Ambos descendieron al Hades para rescatar a seres queridos de la muerte eterna. Sus religiones enseñaban la inmortalidad potencial del alma, dependiendo de las acciones de cada uno en la vida. Ambos sufrieron muertes trágicas como sacrificio en aras de la religión que intentaban reformar: Orfeo, como la víctima desmembrada de la orgía dionisíaca; Jesús, en la imagen del Cordero degollado para la cena Pascual. Sus relaciones con la religión de origen fueron extremamente ambiguas. Jesús, aunque reconocía al dios judío Yahvéh como su padre celestial, fue considerado por los teólogos conservadores como que había muerto para apaciguar la ira de Yahvéh contra la humanidad. Orfeo fue asesinado por los sectarios de Dionisio, en un remedo de la muerte de éste.

La importancia otorgada a la vida futura alentó tanto a órficos como a cristianos a posponer sus placeres en ésta. Ambos grupos anhelaban vivir una vida de castidad y abstinencia (los órficos eran vegetarianos) que era bastante incongruente con la sociedad que los rodeaba. También era causa de sorpresa que ambos practicaran la amistad hacia los extraños, no solamente hacia gente de su misma raza y credo, como griegos y judíos tendían a hacer. Pero esta era una conclusión natural del principio de que cada persona era en esencia divina. Consecuentemente, el Orfismo fue la primera religión en Europa, y tal vez en todas partes, en predicar lo que creemos virtudes "cristianas", en prometer una vida posterior cuya cualidad dependía de su práctica, y en instituir misterios como un preámbulo del futuro destino del alma.
Los órficos habían sido los primeros filósofos de Grecia y los ancestros espirituales de las escuelas pitagórica y platónica, renombradas por su ascetismo y su creencia en la inmortalidad del alma. Ahora, en el resurgimiento Orfico, imprimieron sus principios a la nueva religión. A través de una codificación numérica de palabras claves y frases en el Nuevo Testamento griego, la Cristiandad fué vinculada con la tradición Pitagórica, en la cual la música y el número eran los primeros principios del universo. Pero este conocimiento no era para consumo general: era esotérico. El Orfismo fue la primera religión esotérica en dos aspectos: primero, impuso el sello de los Misterios, de manera que las enseñanzas impartidas en la iniciación no eran reveladas a extraños; segundo, dió una interpretación más profunda, simbólica, a mitos existentes tales como la Teogonía (genealogía de los dioses Greco-Romanos). Desde entonces, los Misterios y el conocimiento de significados ocultos en las escrituras han sido dos de las principales marcas del esoterismo.

El impulso Orfico sobrevive hasta hoy, no tanto en la religión sino en las artes, de las que Apolo es el patrón tradicional y las Musas las inspiradoras. Estas "artes" eran originalmente disciplinas más próximas en ciertos sentidos a lo que nosotros llamamos ciencias: incluían historia y astronomía, además de danza, música, poesía, y drama. Sus efectos eran calculados, hasta en el sentido literal de estar gobernadas por las matemáticas. Lo cual es obvio en el caso de la astronomía y la música. Pero la poesía, también, se expresa controlada por el número rítmico. La danza es movimiento rítmico y geométrico; el drama y la historia regulan los recuerdos sueltos y los rumores sobre eventos terrenos y divinos, y los transforman en lecciones morales y filosóficas. Cualquiera que sea la condición de las artes hoy en día, el papel de las Musas no era originalmente el de entretener a las personas sino el de civilizarlas, utilizando técnicas deliberadas y altamente desarrolladas basadas, en su mayor parte, en números. Esto nos devuelve a las elaboradas matemáticas de Stonehenge y otros monumentos prehistóricos, y a la visión de John Michell de una civilización conservada en estado de gracia mediante el incansable cantar de una canción mántica, su música regida por número y proporción.

Se dice que Orfeo, cantando acompañado de la lira de Apolo, tenía el poder de conmover toda clase de cuerpo y alma. Pudo forzar a separarse a las rocas que entrechocan, para que el barco de los Argonautas pasara a salvo entre ellas; consiguió tocar los propios corazones de los dioses. Piedras que han sido "movidas" y colocadas en orden geométrico son la substancia tanto de Stonehenge como de los templos griegos, monumentos que aún en su ruina imponen reverente respeto y transmiten un sentido de sublime armonía. La música, asimismo, aunque no consista en otra cosa que en aire vibrando de acuerdo a leyes matemáticas, ha tenido siempre el inexplicable poder de tocar el corazón y exaltar el espíritu. En una civilización bien ordenada, las dos artes de la arquitectura y la música trabajan unidas: la primera, en proporcionar armoniosos entornos para el cuerpo y deleitar la vista; la segunda en deleitar el oído y producir armonía en el alma.

Este es el ideal Orfico y Apolíneo, manifestado en todas aquellas obras de arte que llamamos "clásicas". No son exclusivas de Grecia, en ningún sentido. En la China antigua, por ejemplo, una música hierática, acompañada de ceremonias religiosas, fue reconocida como el mejor medio para procurar la paz en el Imperio y el buen gobierno de sus ciudadanos. También México cuenta con una versión del clasicismo apolíneo en la arquitectura de los mayas, que, al igual que los círculos de piedra europeos, estaba geométricamente planeada y cósmicamente orientada. Occidente ha tenido fases clásicas en todas las artes cuando el auge de un cierto estilo es alcanzado, y con él una imagen de diversidad armónica tan tranquilizadora como el paso regular del sol a través de las estaciones.

En la música occidental, las siete cuerdas de la lira de Apolo resuenan como la escala diatónica (las notas blancas del piano). Su manifestación más "clásica" no se halla en Bach o Mozart, sino en el canto llano que sirvió a la Iglesia Cristiana por mil quinientos años o más, antes de ser desplazado por tipos más sofisticados de música y luego descartado totalmente. La reciente popularidad del canto llano entre una generación que nunca asistió a la iglesia puede ofender a los tradicionalistas porque la música y su letra son apartadas de su contexto litúrgico. Pero el resurgimiento del canto llano demuestra que el poder tranquilizador, curativo y elevador del canto diatónico sin acompañamiento es sentido por el alma intuitivamente, tal como fuera en tiempos de Orfeo. El hecho de que se empleara por un tiempo en el culto cristiano y se le dieran palabras en latín es un asunto secundario.

¿Afecta directamente la música y el arte la cualidad de una civilización? Nadie puede decir con certeza si esta premisa órfica es correcta, debido a que no ha sido puesta en práctica en tiempos modernos. Los gobiernos totalitarios han hecho una burla de la idea. Los nazis prohibieron la música atonal porque era incomprensible para sus patrones culturales, y el jazz porque era negro de origen. Los comunistas rusos prohibieron la música atonal por la misma razón, y el rock 'n' roll porque estaba asociado con la protesta y la influencia occidental. Estos fueron escasamente los verdaderos motivos para controlar la música de un pueblo. Pero los gobernadores en cuestión no eran filósofos-reyes, los únicos de los que podría esperarse llevaran los intereses espirituales de sus súbditos en el corazón, y tuvieran el conocimiento de cómo llevarlos adelante.

Algunos de nuestros políticos parecen tener el modelo del filósofo-rey en mente, al emprender un bien merecido ataque contra ciertas formas de cultura comercial y música popular. Aun si no son estas las causas de la decadencia moral, reflejan con exactitud el estado espiritual de muchas personas. Cuando las artes son profanas y sin propósito, y habitan en la fealdad y el vicio, se puede estar seguro de que el alma de la nación no goza de buena salud. Si los Orficos están en lo correcto, este es un asunto tan serio como la malnutrición de los pobres en nuestra civilización. El panorama es desolador para aquellas almas alimentadas solamente con la comida rápida y los aditivos venenosos de la cultura popular. ¿Cómo será para ellos entrar en el dominio del alma sin cantos que cantar, sin poesía que encante a Plutón y Perséfone?
La solución Orfica, y la Cristiana, no es forzar a las personas sino persuadirlas suavemente hacia un mejor camino. Esto se puede ver en las acciones de sus fundadores, cuando intentaron reformar las tradiciones Dionisíaca y Mosaica. También los fundadores de América, que absorbieron los principios Orficos a través de la Masonería, escogieron deliberadamente la libertad, no el rigor, como escuela para sus ciudadanos. Con un optimismo que, en los días buenos, todavía podemos compartir, permitían a cada persona regular su propia vida, religiosa, estética y privada. El próximo ensayo de esta serie, sobre la Tradición Platónica, considerará la política contraria.
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Promontorio de Léucade: Cuenta la leyenda que Afrodita se había enamorado apasionadamente de Adonis, un amor que la había llevado a enfrentarse con Persófone, el amor de Afrodita fue correspondido por Adonis, pero él le era infiel a ella enamorando, por su belleza, a varios diosas (Adonis: fenicio: adon. «señor», es una versión griega del semidiós sirio Tammuz, el espíritu de la vegetación anual. En Siria, Asia Menor y Grecia el año sagrado de la diosa se dividía en un tiempo en tres partes, regidas por el León, la Cabra y la Serpiente).

Un día Ares, quien había sido abandonado por Afrodita, decidió tomar venganza de ello y fue en busca de Adonis. En los Montes de Líbano Ares se disfrazó de jabalí y atacó a Adonis mientras éste cazaba junto a Afrodita. Finalmente Ares dio muerte a Adonis, desgarrando todo su cuerpo a cornadas ante la mirada atónita e impotente de Afrodita.
Afrodita lloró sin descanso su muerte, su amor no podía ser correspondido por Adonis porque de hecho estaba muerto. No logrando soportar el dolor del amor recurrió al oráculo de Delfos. Allí la Pitia le aconsejó que debía realizar el Salto de Léucade. Afrodita obedeció al oráculo y quedó en extremadamente sorprendida al notar que, luego del salto, había desaparecido su motivo de dolor.
Léucade es una isla del mar Jónico que adquirió fama por ésta leyenda de la diosa Afrodita. La isla de Léucade apropió, entonces, importancia por su Promontorio desde el cual se arrojaban al mar los desdichados amantes que querían curarse de su pasión respecto a un amor no correspondido y borrar, a través de éste acto, el recuerdo de sus penas.
Este recurso era acreditado como infalible. Cientos de penosos amantes acudían a Léucade desde las más alejadas regiones. Antes de realizar el salto debían ofrecer sacrificios y ofrendas a Apolo, generalmente una cabra, luego se comprometían por medio de un acto religioso, persuadiéndose de que con la ayuda de Apolo sobrevivirían al peligroso salto; y que ese acto haría posible desterrar para siempre las angustias del amor no correspondido si sobrevivían, luego podría vivir una nueva vida de felicidad.

No existen registros de quién fue el primer mortal que se atrevió a seguir el ejemplo de Afrodita. Pero se sabe que no hubo otra mujer que sobreviviese a tan enorme prueba, y que solamente algunos hombres pudieron resistirla; entre ellos, el poeta Nicóstrato. En observancia a esto procuraron, los sacerdotes de la isla, evitar mas muertes y urdieron un medio de hacerlo menos peligroso. A través de una red de hilos tendida al pie del peñasco, impidieron que los amantes salieran maltrechos de la caída. Los pescadores lugareños sacaban del mar a quienes se arrojaban cobrándoles un precio por ello, por supuesto que sólo a aquellos que lograsen salir con vida de su estoico acto, acto, que en definitiva, que continuaba siendo un ofrecimiento loable de amor por ese ser al que su amor no era correspondido.
Safo, célebre poetisa de la antigua Grecia, conocida como la Décima Musa, halló su trágica muerte al arrojarse del Promontorio de Léucade. Safo, enamorada de Faón, un barquero de la ciudad de Mitilene, en Lesbos, trató por todos los medios de conseguir sus favores. Pero viéndose rehusada una y otra vez, fue a Léucade, a arrojarse desde lo alto del promontorio y desapareciendo para siempre bajo las aguas del Jónico. Los habitantes de Lesbos le levantaron templos y le tributaron honores divinos, haciendo que su imagen apareciera grabada en sus monedas.
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