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Mitología Griega: La Simbología Mitológica Bibliografía
Consultada: El texto sobre Simbología ha sido extraido del artículo publicado por Federico Gonzalez: Alquimia, Metafísica y Tradición en http://www.geocities.com/daimon.geo/ Al que sólo se modificaron algunos términso a fin de lograr un mayor entendimiento sin alterar su escencia para una información completa remitase al mismo. Simbología y Arquetipos: Unos de los conceptos emanados por Carl Jung sobre simbolismos es que una imagen es simbólica cuando ésta representa algo más que su significado inmediato y obvio, o sea que, cuando la mente explora ese símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón consciente. El
mundo que nos rodea constituye un código simbólico y
armónico en todas sus partes, en estrecha relación entre
sí. A la cual únicamente podemos llegar si traspasamos
la apariencia formal y penetramos su profundo contenido. El
cielo con sus movimientos estelares y planetarios, como la tierra,
sus estaciones, elementos y reinos, y los variados seres que la habitan,
hablan al hombre en un lenguaje universal que la humanidad desde siempre
conoció. A través de la contemplación de los
símbolos de la naturaleza podemos conocer la realidad sensible;
y es por medio de ellos que el ser humano llega a conocerse a sí
mismo, en su interioridad, pues estos símbolos tienen la virtud
de poder conducir al hombre a su verdadero ser ancestral..
Sin embargo el Simbolismo sólo podrá ser conocido en
toda su profundidad, si analizamos estos códigos sagrados,
no con los métodos analíticos y discursivos de la razón,
sino apelando a la intuición superior y al intelecto puro,
que son los únicos capaces de producir un conocimiento directo
y sintético de las ideas metafísicas que los símbolos
contienen. Es
Necesario distinguir entre dos formas de ver la realidad, que definen
dos maneras abismalmente diferentes en que el hombre se concibe a
sí mismo y al universo, y que dan lugar por lo tanto a dos
modos de expresión simbólica: nos referimos a lo sagrado
y lo mundano. Mientras
los símbolos sagrados son exactos y su contenido se encuentra
expresado de una manera precisa en las distintas formas que adquieren,
los mundanos, en cambio, son insignificantes y engañosos, inventados
por los hombres para sus fines particulares y personales. Los símbolos mundanos en general actúan en el psiquismo inferior, y muchas veces pretenden expresar ideas que verdaderamente no contienen. Los arquetípicos más bien son promotores de la conciencia y tocan los aspectos más profundos y sutiles del ser. Para comprender la Simbólica en sus más amplias posibilidades, será necesario atravesar el umbral que separa el mundo ordinario de aquel sagrado en el que se respira otro tiempo y se experimenta la existencia de un espacio diferente, donde reinan el orden, la unidad y el amor en contraposición al caos. Hay en todo símbolo dos aspectos opuestos y complementarios que también corresponden a dos enfoques de la realidad: lo esotérico y lo exotérico. Lo esotérico es lo interno e invisible; la energía que se oculta en su interior; la idea abstracta que el propio símbolo sintetiza y concreta (lo significante). Se lo ha relacionado también con fuerzas secretas, misteriosas y milagrosas que los símbolos sagrados contienen, y para poder percibirlo es necesario penetrar y traspasar su apariencia imaginaria y conectar con su esencia invisible. Lo exotérico, en cambio es su parte exterior, el ropaje formal que toma para manifestarse sensiblemente, su cara brillante y luminosa, variable y notoria (el significado). Lo primero es cualitativo y sintético; lo segundo cuantitativo y múltiplePero ambos aspecto son como las dos caras, oscura y luminosa, de una misma moneda, y, como ocurre con cualquier par de opuestos, es preciso unirlos para que alcancemos su real comprensión. En el símbolo sagrado el aspecto exotérico no es arbitrario ni casual, sino que por el contrario se dice que tiene que haber una correspondencia entre el símbolo formal y la energía por él simbolizada; pero es importante hace notar que el significante es anterior y jerárquicamente superior, pues es lo que da sentido a lo externo y visible, y el significado siempre le está subordinado.
Un buen ejemplo de la distinción entre lo esotérico
y lo exotérico es la relación existente entre el pensamiento
y la palabra. Un solo concepto puede expresarse de mucha maneras y
en cualquier idioma, sin que por ello varíe esencialmente su
contenido. El pensamiento es pues anterior e invisible, y la palabra
su expresión formal, múltiple y sensible. Si observamos los símbolos exclusivamente desde el punto de vista exotérico, encontraremos variadísimas formas de expresión, podremos ver su multiplicidad, pues un mismo arquetipo puede expresarse de innumerables maneras y a muy diversos grados. Si los estudiáramos desde una perspectiva materialista, positivista y profana, negando su aspecto espiritual y sagrado, que es lo que hace, en general, el pensamiento moderno, podríamos clasificarlos en enciclopedias o exponerlos en museos, pero nunca alcanzaríamos su real conocimiento y comprensión. Pero, si los abordamos desde el punto de vista esotérico, más bien podremos darnos cuenta de la identidad de todas las verdaderas culturas y observar como símbolos y estructuras simbólicas en apariencia diferentes, pueden ser idénticos en su contenido. Lo esotérico nos permite realizar una síntesis que podremos alcanzar mediante las adecuadas relaciones que establezcamos entre los distintos órdenes de la existencia y entre los variados sistemas simbólicos. Esta síntesis nos permitirá una verdadera comprensión y conocimiento de las energías inmanifestadas que detrás de los símbolos se ocultan. Hemos dicho que desde la más remota antigüedad el hombre ha utilizado un lenguaje sagrado y simbólico para expresar las verdades más elevadas. La mitología, transmite una concepción del mundo y del universo, que en sus aspectos esenciales es idéntica en todos los pueblos. Es asombrosa la coincidencia que se puede encontrar entre los símbolos de las distintas culturas que, variando en sus formas son idénticos en esencia, pues todos, de una u otra manera, se refieren a una única y misma verdad; y todos, también, expresan principios inmutables y eternos de los que proceden esencialmente las tradiciones y ciencias y sus representaciones simbólicas. La comprensión de un símbolo particular será mucho mayor, cuando lo podamos apreciar en comparación con otro de diferente forma e idéntico contenido. Esto nos hará ir más allá de la apariencia y entrar en contacto con la idea arquetípica o energía divina que él representa. Estos "remanentes arcaicos" es lo que Jung llamó Arquetipos" o "Imágenes Primordiales" y no, las "representaciones heredadas". Aun los símbolos mundanos, como los utilizados en general por la propaganda, ejercen una acción y son capaces de afectar la conducta humana. Un logotipo comercial, por ejemplo, o una frase publicitaria, que sean recibidos en forma reiterada, pueden generar la necesidad subconsciente de consumir un determinado artículo. Esto es sabido por productores y comerciantes, que acuden a las agencias de publicidad para que diseñen los símbolos adecuados que sean capaces de producir estos efectos. Y si así ocurre con esas expresiones profanas, que por su propia naturaleza carecen de energías sutiles, imaginemos la acción que podrá ejercer en nuestra interioridad un símbolo sagrado, del que emanan energías espirituales. Él es portador de fuerzas sobrenaturales capaces de transformar el pensamiento, y su acción es perceptible en las esferas más elevadas de nuestro ser. Pero, para experimentar la acción de ese símbolo sagrado, en toda su fuerza, es preciso asumir una adecuada actitud receptiva que nos permita abrir la mente a su influjo; es primero imprescindible despojarse de los prejuicios y preconceptos que se interponen como un muro entre la energía simbolizada y nuestra conciencia; es necesario también destruir los viejos esquemas aprendidos del mundo mundano que impiden el conocimiento directo. Una vez que se haya producido una verdadera vacuidad de la mente, un espacio vacío que permita que las energías sutiles penetren en nuestro interior, será posible que experimentemos la acción despertadora del símbolo y que construyamos nuevos esquemas mentales capaces de conocer lo arquetípico, con lo que finalmente nos identificaremos. Para que esto ocurra es necesaria una acción y una recepción: que tratemos de penetrar en el interior del símbolo, buscando su esencia invisible y que a la vez permitamos que su energía penetre nuestra propia interioridad y desde allí actúe. Todos los pueblos han utilizado números y figuras geométricas para expresar ideas de carácter metafísico. Las tradiciones antiguas ven en ellos símbolos sagrados que además de ser revelados se refieren a principios esenciales. Vehículos ordenadores y sintéticos, a los que siempre se atribuyó una realidad mágico teúrgica. Si refiriéndonos al simbolismo en general distinguíamos entre los aspectos esotérico y exotérico de toda manifestación, en el caso de los números esta distinción se muestra claramente en sus sentidos cualitativo y cuantitativo. Aunque ordinariamente en el mundo mundano únicamente se los ve como cantidades, la Simbólica y la Tradición siempre los entendieron como cualidades del ser. Como portadores de ideas-fuerza y como expresión de arquetipos universales. La escuela pitagórica, a la que debemos en Occidente muchos de los principios numéricos que hoy manejamos, estableció relaciones precisas entre la matemática, la geometría, la música y la astronomía -todas ciencias fundamentadas en el número-, demostrando así la armonía del universo. Las figuras geométricas son la expresión del número en el plano bidimensional, y su trasposición a tres dimensiones genera el arte de la arquitectura y la construcción, eminentemente simbólico y sagrado; las notas musicales son también números, esta vez actuando en el mundo del sonido, lo que conecta a estos signos con las ideas de armonía y ritmo; y toda la astronomía también basa sus cálculos en números y ritmos armónicos y universales. Por otra parte, es interesante observar cómo las letras en los idiomas sagrados están también relacionadas con ellos, y recordar que en la Cábala hebrea, por ejemplo, la esencia de los nombres está íntimamente ligada a su número. La cantidad y la cualidad son dos aspectos también opuestos y complementarios: en la naturaleza toda se observa claramente que conforme las cosas expresan una cualidad superior son a su vez más escasas, y viceversa: los seres más ordinarios abundan en la multiplicidad. Esto da origen a las leyes de la jerarquía -a que nos referiremos en el simbolismo de la escala- y al hecho de que nuestra ciencia atribuya a los números cuantitativamente más pequeños, una superioridad cualitativa.
La
Piedra y el Animal: En particular han sido veneradas las piedras "caídas
del cielo", betilos o meteoritos a los que se llamó también
"piedras del rayo"; verdaderos soportes de las energías
espirituales que descienden del cielo a la tierra y que sirvieron
de centro a oráculos y templos .Las piedras sin labrar tuvieron
un significado muy simbólico para las sociedades primitivas.
Se creía con frecuencia que las piedras bastas y naturales
eran la morada de los espíritus o dioses, y se utilizaron en
las culturas primitivas como lápidas sepulcrales u objetos
de veneración religiosa. Su empleo puede considerarse como
una forma primitiva de escultura. En muchos primitivos santuarios
megalíticos, la deidad está representada no por una
sola piedra, sino por muchas piedras sin labrar, dispuestas de diferentes
modos. (Los lineamientos geométricos de piedras en Bretaña
y el círculo megalítico de Stonehenge son un Muy tempranamente en la historia, los hombres comenzaron los intentos para expresar 1o que pensaban era el alma o espíritu de una roca tratando de darle una forma reconocible. En muchos casos, la forma era una aproximaci6n, mas o menos definida, a la figura humana; por ejemplo, los antiguos menhires con sus toscos trazos de rostros, o los hermes nacidos de las piedras de los linderos en la antigua Grecia, o los muy primitivos ídolos de piedra con rasgos humanos. La animaci6n de la piedra tiene que explicarse como la proyección en la piedra de un contenido, mas o menos claro, del inconsciente. Las pinturas de animales se remontan a la Era Glacial (es decir, entre 60.000 y 10.000 años a. C.). Fueron descubiertas en paredes de Cuevas en Francia y España a finales del siglo pasado, pero fue a principios del actual siglo Cuando los arqueólogos comenzaron a darse cuenta de su importancia y a investigar en su significado. Esas investigaciones revelaron una cultura prehistórica infinitamente remota cuya existencia jamás se había sospechado Aun hoy día, una extraña magia parece rondar las cuevas que contienen los grabados y pinturas rupestres. Según el historiador alemán Herbert Kiihn, los habitantes de las zonas donde se encontraron esas pinturas, en África, España, Francia y Escandinavia, no se les puede Convencer para que se acerquen a las cuevas. Una especie de temor religioso o, quizás miedo a los espíritus que vagan entre las rocas y las pinturas, los mantiene apartados. Los nómadas que pasan por allí dejan sus ofrendas votivas ante las viejas pinturas rupestres. Las pinturas rupestres del Paleolítico consisten, variadamente, en figuras de animales cuyos movimientos y posturas fueron observados al natural y reproducidos con gran destreza artística. Sin embargo, hay muchos detalles indicativos de que las figuras se hicieron para que fueran algo más que reproducciones naturalistas. Kuhn escribe: "Lo extraño es que muchas pinturas primitivas fueron utilizadas como blanco de tiro. En Montespan hay un grabado presentando a un caballo al que le acosan hacia una trampa; esta marcado con impactos de dardos. Una figura de barro representando un oso, en esa misma cueva, tiene cuarenta y dos agujeros". En las iniciaciones, las sociedades secretas, y aun en la instituci6n de la monarquía en esas tribus, los animales y los disfraces animales desempeñan un papel importante. El rey y el jefe también son animales, generalmente leones y leopardos. Vestigios de tal costumbre pueden aun hallarse en el titulo del ultimo emperador de Etiopía, Haile Selassie ( "El León de Juda" ) a en el titulo honorífico del Dr. Hastings Banda ("El León de Niasalandia"), Cuanto mas nos remontamos en el tiempo; a cuanto mas primitiva o cercana a la naturaleza es la sociedad, mas al pie de la letra se tomaran esos títulos. Un jefe primitivo no sólo se disfraza de animal; cuando aparece en los ritos de iniciación con su disfraz completo de animal, es el animal. Aun más: es un espíritu animal, un demonio terrible que realiza la circuncisión. En tales momentos, incorpora o representa al antepasado de la tribu y del clan y, por tanto, al propio dios primordial. Con
el transcurso del tiempo, el disfraz completo de animal fue reemplazado
en muchos sitios por mascaras de animales y demonios. Los hombres
primitivos prodigaron toda su habilidad artística en esas mascaras,
y muchas de ellas aun no han sido superadas en el poder e intensidad
de su expresión.. La funci6n simbólica de la mascara
es la misma que la del originario disfraz animal. La expresi6n humana
individual queda sumergida, pero, en su lugar, el enmascarado asume
la dignidad y la belleza. En lenguaje psicológico, la mas- Muchísimos
Mitos se refieren a un animal primitivo que ha sacrificarse en aras
de la fertilidad o aun de la creaci6n. Un ejemplo de esto es el sacrificio
de un toro por el dios solar persa Mithra, del cual surge la tierra
con toda riqueza y fruta. En leyenda cristiana de San Jorge matando
al drag6n, vuelve a aparecer el rito primitivo de matanza ritual. Envíanos tu comentario en Nuestro Libro de Visitas, o Escribí tu sugerencia por e-mail
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